Incendios en España: cuando la negligencia institucional prende la mecha
Incendios en España: cuando la negligencia institucional prende la mecha
Geopolítica del abandono territorial
En España, los incendios forestales no son solo una tragedia ambiental: son el espejo de un modelo de gestión fallido, de una política que convierte nuestros bosques en polvorines y nuestras comunidades rurales en territorios de sacrificio. La geopolítica del fuego no se mide únicamente en hectáreas calcinadas, sino en dignidad perdida, patrimonio destruido y pueblos condenados al olvido.
Las llamas que arrasan comarcas enteras son también la consecuencia de décadas de desinversión, de una visión cortoplacista donde la prevención brilla por su ausencia y donde la gestión forestal solo aparece en los discursos tras la catástrofe. Si el fuego amenaza símbolos nacionales como El Escorial, se moviliza el Estado entero; si devora territorios periféricos como El Bierzo, apenas se oyen murmullos en los despachos de Madrid o Bruselas.
En este contexto, comparto con vosotros la voz de Diana, ingeniera del medio natural y berciana de primera generación, que ha vivido en primera persona el fuego, la resistencia y la desolación. Su testimonio es más que una carta: es una denuncia, un grito colectivo, una memoria que se niega a ser reducida a cenizas.
Me llamo Diana y soy la primera generación berciana de mi familia. Mis padres, con paciencia y amor, nos enseñaron a mi hermano y a mí que la naturaleza no es solo un lugar que se visita, sino un hogar que se cuida.
Hoy soy ingeniera del medio natural, he trabajado en vigilancia y extinción de incendios y soy profe de Patrimonio Natural en la universidad de la experiencia, algo que poca gente sabe, y por eso conozco de primera mano la fuerza implacable del fuego y el valor incalculable de cada metro cuadrado de bosque que se pierde.
Las Médulas fueron para nosotros un rincón mágico. Allí, de niños, corríamos entre los castaños como si fueran gigantes protectores, nos asomábamos con asombro a las galerías excavadas por los romanos, y sentíamos que cada sendero guardaba un secreto antiguo. Era un lugar para jugar, para aprender y para soñar, un pedazo de historia viva.
Si mañana ardiera El Escorial, se detendría el país. Llegarían ministros, helicópteros y promesas urgentes. Pero cuando las llamas devoran Las Médulas, Patrimonio Natural de la Humanidad, lo que arde también es la dignidad de esta tierra… y apenas se oye un murmullo fuera de El Bierzo.
Estos días hemos visto cómo el fuego se tragaba siglos de historia, montes enteros, casas humildes el sustento de muchas familias💔, amigos que han perdido años de trabajo… Animales que han perdido la vida ante un monstruo que avanzaba sin piedad. El humo no solo oscureció el cielo: cubrió nuestros corazones con un peso insoportable.
Esto no es mala suerte, es MALA POLÍTICA . Es la cosecha amarga de décadas de abandono, de montes dejados a su suerte, de planes de prevención inexistentes y de una gestión forestal que solo aparece para la foto. Han convertido nuestros bosques en mechas secas, listas para encenderse con el primer chispazo.
El Bierzo sangra en silencio. Somos una comarca olvidada hasta que el desastre es tan grande que resulta imposible no mirarlo… y aun así, lo miran de reojo. Las Médulas no eran solo tierra y árboles: eran parte de nuestra identidad, de nuestras raíces, de nuestra voz como pueblo. Hoy, por negligencia y desinterés, nos han arrancado un trozo del alma.
Arde nuestro patrimonio, arde nuestra memoria, arde nuestra tierra. Y mientras, los responsables se escudan en el viento, el calor o la fatalidad. Pero no, la fatalidad no podó los cortafuegos, no limpió los montes, no recortó en brigadas forestales. Eso lo hizo la mano invisible —y cobarde— de la dejadez INSTITUCIONAL.
Y ahora se les llena la boca hablando de ayudas… Sin hacer ni siquiera una mínima referencia a la gente (muchísima gente) que están trabajando incansablemente y bajo unas condiciones deplorables, casi, casi, por voluntad y arraigo. GRACIAS POR ELLO. GRACIAS A TODOS, COMPAÑEROS. ❤️
El fuego pasará, pero el vacío quedará. Y lo más duro es saber que mañana, cuando arda otro pedazo de nuestra historia, volverán a decir que “nadie podía preverlo”. Y nosotros, con la garganta rota de tanto gritar, nos preguntaremos si esta tierra tendrá que arder entera para que alguien la vea.
Hoy la ondina del lago de carucedo, llora lágrimas de fuego…
EL BIERZO EXISTE💔 Ojalá haya alguien que nos escuche….
(Podéis compartir)
Reflexión final
La carta de Diana no es un caso aislado: es el relato de miles de ciudadanos que sienten que sus tierras, su patrimonio y su futuro son sacrificados en nombre de la indiferencia. Lo que ocurre en El Bierzo ocurre también en Galicia, en Extremadura, en Andalucía, en Valencia… territorios que arden una y otra vez, mientras las promesas se apagan tan rápido como el humo se disipa.
La pregunta clave es: ¿hasta cuándo se podrá sostener este modelo de abandono sin que la geopolítica interior de España colapse? Los incendios no son “catástrofes naturales” inevitables: son el resultado directo de políticas fallidas, de una estructura de poder que invisibiliza a las periferias y que solo reacciona cuando el fuego amenaza al centro.
El fuego pasará, pero el vacío quedará. Y la memoria de lo que se pierde seguirá siendo una herida abierta en el mapa político y emocional de España.